La pulsión de soledad, este deseo de ser un ermitaño, me está pasando la cuenta de cobro. La noche ha llegado a darme la última estocada. Soy una bestia, como todos, buscando su propia caída sin si quiera saberlo, sin disfrutarla, pero sumergido de lleno en un festival de miembros destrozados. Alegoría a la muere y a la destrucción, qué somos sino es eso.
La melancolía es mi campo de acción, no estoy cómodo sin ella, no puedo darme nada sin su presencia en cada fonema que pronuncio; no puedo estar a gusto en la plenitud. Nada bueno nace en mí, si no es gris, frío y con dolor cervical.
Puedo notar, con el pasar de los días, que ni la pasión, ni el arte, ni la expresión han sido mi motivación principal. Mi ser no ha sido más que una excusa, un medio, para esta brutal, pesada, visceral y tormentosa necesidad de gritar, todos los días un poco, a la media noche, hasta que se me canse la voz, esperando, infructuosamente, a que se me agote la necesidad.
domingo, 17 de junio de 2012
Transversalidad.
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miércoles, 13 de junio de 2012
-¿Por qué la luz? - Dijiste.
Recuerdo que alguna vez me preguntaste por qué La luz. Recuerdo cómo brillaban tus ojos. Recuerdo. Te dije, sin titubear, que era porque lo que veía de ti era tu luz. Recuerdo.
Te dije, lo sé, que no era La luz en sí, sino que era, también, el vacío de la misma; que por ejemplo a ti no te amaba por tu presencia, como tal, ni siquiera por tu ausencia. Que la razón era que existieras, como La luz. No era necesario que estuvieras, porque las sombras parciales, o la penumbra de tu abrigo, me permitían saborear la dimensión de tu vacío.
Tu rostro me confesaba, casi con pena, que seguías sin comprenderme, y, como un último recurso, intenté iluminarte como pude, como quise, tanto como me dejaste, tanto como quisimos; descubrí que habías empezado a entenderme, aunque sin reflexionarlo. Te di un beso y te escribí en la mano que era sencillo, que lo único que importaba entender era que, aunque sin saber por qué, La luz nos agrandaba, nos acompañaba, nos huía; que era ella tu cómplice y la mía.
Nos recostamos. Recuerdo. No me entendiste en el momento, pero sé, que ahora que la luz no me muestra tu rostro, entiendes perfectamente por qué La luz.
Te dije, lo sé, que no era La luz en sí, sino que era, también, el vacío de la misma; que por ejemplo a ti no te amaba por tu presencia, como tal, ni siquiera por tu ausencia. Que la razón era que existieras, como La luz. No era necesario que estuvieras, porque las sombras parciales, o la penumbra de tu abrigo, me permitían saborear la dimensión de tu vacío.
Tu rostro me confesaba, casi con pena, que seguías sin comprenderme, y, como un último recurso, intenté iluminarte como pude, como quise, tanto como me dejaste, tanto como quisimos; descubrí que habías empezado a entenderme, aunque sin reflexionarlo. Te di un beso y te escribí en la mano que era sencillo, que lo único que importaba entender era que, aunque sin saber por qué, La luz nos agrandaba, nos acompañaba, nos huía; que era ella tu cómplice y la mía.
Nos recostamos. Recuerdo. No me entendiste en el momento, pero sé, que ahora que la luz no me muestra tu rostro, entiendes perfectamente por qué La luz.
sábado, 9 de junio de 2012
No me nombrés
La magia de no existir
De dejar obra
Viva, fuerte
Y que mi nombre no la habite.
El anonimato es ese regalo
Que todos deberíamos aceptar
Y que ineludiblemente
A todos nos llegará.
Por ejemplo, mi anonimato en ti,
Que no demora, que se avecina.
El amante sin voz, sin nombre, sin rostro
Que la noche abandona implacablemente
Todos los días
A la misma hora.
¿Qué gracia tendría la falaz inmortalidad de mi nombre?
Si, de todas maneras, nadie sabría quién fui
Por ejemplo, en ti, nunca moriré.
Pero mi nombre y mi rostro sí.
Y es que la grandeza del anonimato
Radica en que nadie podrá inventarte
Más allá de lo que si fuiste; nada.
No soy un rostro, un nombre, ni una voz
Yo soy lo que la obra diga que fui.
Yo seré la destrucción a escala
Que deje en este mundo, cuando me vaya.
Solo seré un recuerdo borroso y ruidoso
Retumbante en tu cabeza.
No hay honores, ni distinciones que valgan.
Bajo la noche que agobia y ama
Procuraré morir como un NN.
jueves, 7 de junio de 2012
Relato de unas cuantas noches vacías.
Y paso el insomnio embriagado en ruidos confusos, nauseas vagabundas y espesos humos, sofocando mis horas hasta que llegue el sol. Mi cuerpo ni se inmuta, pero mi cabeza se pudre. Cuéntame. Ya no salgo a ver la luna, ya no llueve, ya no fumo afuera, ya ni siquiera me preparo café; ya, a la noche, no le hago el amor.
Ya no la amo, ni ella, ni a la lluvia, ni a ninguna, no nos hablamos, no nos miramos y parece que solo paso mis horas despierto con ella, porque no podría compartirlas con alguien más. Mis amantes me abandonarían algún día, pero nunca pensé que lo harían siendo aun tan joven.
Estar solo, vacío, ser cobarde, gris, opaco, es mi estado natural ¿a quién quiero engañar? En la plenitud me siento incomodo. La verdad es que estoy mejor que nunca, hace mucho no me sentía tan vacío, tan de nada, tan irresponsable, tan inexistente, tan desligado de dolores de cabeza.
Ya no la amo, ni ella, ni a la lluvia, ni a ninguna, no nos hablamos, no nos miramos y parece que solo paso mis horas despierto con ella, porque no podría compartirlas con alguien más. Mis amantes me abandonarían algún día, pero nunca pensé que lo harían siendo aun tan joven.
Estar solo, vacío, ser cobarde, gris, opaco, es mi estado natural ¿a quién quiero engañar? En la plenitud me siento incomodo. La verdad es que estoy mejor que nunca, hace mucho no me sentía tan vacío, tan de nada, tan irresponsable, tan inexistente, tan desligado de dolores de cabeza.
domingo, 27 de mayo de 2012
Quiero besarle y no volverla a ver
Yo quiero besarle y no volverla a ver. ¿Para qué soñar con un mañana? ¿Por qué privarnos de la posibilidad de fantasear con su vida tan solo después de conocer tan solo su nombre y el aroma de su aliento? Lo que llena la existencia son esos momentos fugaces de llenura instantánea, para acariciar el vacío en espera del próximo, y no esas falsas promesas de eternidad.
No es besar a cualquiera, no es acercarse porque sí, encontrá al amor de tu vida, llenate de deseo y amala por segundos no más. Sonreile a tu interlocutora y marchate feliz, para luego encontrar el próximo amor de tu vida, si es que tenés la suerte de encontrarlo una vez más.
Recostarme en el suelo, abandonar cualquier deseo de perdurar. Tan solo buscaré ese instante de de eternidad y asumiré que de todas maneras acabará.
No es besar a cualquiera, no es acercarse porque sí, encontrá al amor de tu vida, llenate de deseo y amala por segundos no más. Sonreile a tu interlocutora y marchate feliz, para luego encontrar el próximo amor de tu vida, si es que tenés la suerte de encontrarlo una vez más.
Recostarme en el suelo, abandonar cualquier deseo de perdurar. Tan solo buscaré ese instante de de eternidad y asumiré que de todas maneras acabará.
Inminente
A vos la vida te puso aquí, a mí también. Es inevitable, algún día, en cualquier momento, vos te vas y yo haré mi parte, no hay pelea que valga, ni desgaste, ni fuerza. Nunca estaré tan cerca de quedarme como el primer día en que te vi.
La grandeza de todo radica en acaparar cada imagen, en el momento que es y guardarlas como se nos dé la gana. No más, no importa algo más. La inminente despedida es solo ese dulce pedacito que le da razón a todo. Le belleza tuya y mía están en la muerte de cada instante, no en la inmortalización de estos. El eterno revivir no es más que la excusa para sentir autocompasión u odio recalcitrante por una situación sin culpables. El espejismo de un mañana o la nostalgia del ayer, son eso, ilusiones, fantasías, necesidad de inmortalidad, pero vos y yo somos solo carne en reposo, esperando la putrefacción.
Inminente es la palabra, vos estás ahora, mañana puede que también, pero es inaplazable el día en que partirás, así como lo es el día en que yo también lo haré.
Coincidimos en un fragmento de existencia y me llena de alegría que así haya sido. Pero es el adiós, que siempre llegará, el que le da la grandeza que merece.
Todos se van, todos; vos, tus padres, los míos, yo, tus hijos, los míos. No vale llorar, no vale gritar, patalear, golpear o amarrar. Lo que importa, repito, es que salgás a mojarte al llover, que te recostés en la sombra, que guardés cada imagen de cada instante fundamental como querás.
La grandeza de todo radica en acaparar cada imagen, en el momento que es y guardarlas como se nos dé la gana. No más, no importa algo más. La inminente despedida es solo ese dulce pedacito que le da razón a todo. Le belleza tuya y mía están en la muerte de cada instante, no en la inmortalización de estos. El eterno revivir no es más que la excusa para sentir autocompasión u odio recalcitrante por una situación sin culpables. El espejismo de un mañana o la nostalgia del ayer, son eso, ilusiones, fantasías, necesidad de inmortalidad, pero vos y yo somos solo carne en reposo, esperando la putrefacción.
Inminente es la palabra, vos estás ahora, mañana puede que también, pero es inaplazable el día en que partirás, así como lo es el día en que yo también lo haré.
Coincidimos en un fragmento de existencia y me llena de alegría que así haya sido. Pero es el adiós, que siempre llegará, el que le da la grandeza que merece.
Todos se van, todos; vos, tus padres, los míos, yo, tus hijos, los míos. No vale llorar, no vale gritar, patalear, golpear o amarrar. Lo que importa, repito, es que salgás a mojarte al llover, que te recostés en la sombra, que guardés cada imagen de cada instante fundamental como querás.
viernes, 25 de mayo de 2012
Dos de la mañana.
Si ella sabe a un cigarrillo a eso de las 2:00 a.m. no la dejaré ir. Y es que ¿Quién en vida podría decirle que no a un cigarro a esa hora? ¡Ah! ¿No fuma usted? Mejor para mí.
¿Qué le estaba contando? ¡Ah, sí! Ella puede tener ese sabor amargo de madrugada y eso seduce, pregúntele a mis hijos; el menor se levanta todos los días a las cuatro de la mañana, me abraza y se devuelve a dormir, y no es porque me quiera mucho, es que él tampoco puede vivir sin ella... ¡Perdón! No, digo, sin el cigarrillo en la madrugada. Ya la cabeza no me da para ser coherente, antes tampoco lo era, pero si me hubiera dado la gana lo hacía, ya ni queriendo puedo.
¿Qué era lo que le contaba? Claro, claro, de ella. Seguramente sabe a nicotina y alquitrán, y se debe mover como el humo. Digo "seguramente", porque no lo sé, no tengo la certeza y nadie me lo ha contado. Asumo yo, que si alguien me lo cuenta, me dejaría de interesar. En todo caso, seguramente no sabe a nada de eso, debe saber a fresas y chocolate, como saben casi todas las mujeres hoy en día; ese repugnante sabor del dulce. ¿A usted le gusta? Allá usted, yo si prefiero que me dé asco el sabor y aun así sentir que no puedo permitirme prescindir de éste.
Pero ¿Sabe qué? Yo creo que sí se mueve como el humo, si no fuera así, ella sería monja o, peor aún, ejecutiva en algún lugar, pero no lo es, ella es... como le digo, un cigarrillo a las dos de la mañana.
¿Qué le estaba contando? ¡Ah, sí! Ella puede tener ese sabor amargo de madrugada y eso seduce, pregúntele a mis hijos; el menor se levanta todos los días a las cuatro de la mañana, me abraza y se devuelve a dormir, y no es porque me quiera mucho, es que él tampoco puede vivir sin ella... ¡Perdón! No, digo, sin el cigarrillo en la madrugada. Ya la cabeza no me da para ser coherente, antes tampoco lo era, pero si me hubiera dado la gana lo hacía, ya ni queriendo puedo.
¿Qué era lo que le contaba? Claro, claro, de ella. Seguramente sabe a nicotina y alquitrán, y se debe mover como el humo. Digo "seguramente", porque no lo sé, no tengo la certeza y nadie me lo ha contado. Asumo yo, que si alguien me lo cuenta, me dejaría de interesar. En todo caso, seguramente no sabe a nada de eso, debe saber a fresas y chocolate, como saben casi todas las mujeres hoy en día; ese repugnante sabor del dulce. ¿A usted le gusta? Allá usted, yo si prefiero que me dé asco el sabor y aun así sentir que no puedo permitirme prescindir de éste.
Pero ¿Sabe qué? Yo creo que sí se mueve como el humo, si no fuera así, ella sería monja o, peor aún, ejecutiva en algún lugar, pero no lo es, ella es... como le digo, un cigarrillo a las dos de la mañana.
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