Moriré de madrugada
y será en Medellín.
Volveré, sumiso,
a la hora del amanecer.
Volveré, porque he de morir.
Volveré, aunque no me haya ido.
Ella, esperará por mí
como espera siempre el amor.
Ella, esperará mi regreso
entre el dolor
y el llanto
como espera siempre el amor.
Y es que fue allí,
con ella, en ella,
en dónde conocí su aroma.
Ese perfume de ron
balas y sudor
que me enamoró
durante las noches, embriagados de nostalgia,
amados durante el limbo de las horas
en las que nace el día
cuando no llega a ser de madrugada
pero ya no es media noche.
Cómo no querer volver
si fue en ella,
una madrugada ya hace mucho tiempo,
en la que se me destinó morir.
En ella,
que no revela su verdadero nombre,
perdí todo cabal
que pude algún día tener.
Me adentré hacia el margen,
llegué a la orilla
y me enterré.
Fue ella
quien entre guiños e insinuaciones
me pidió no escuchar
lo que por obligación
debía decir.
Ella que me enamoró con putería
con barbarie, con violencia.
Ella me enseñó el agresivo calor del amor.
Moriré
volveré
naceré
Ella siempre estuvo antes que yo.
Se irá mucho después de mí.
La bauticé La Orillera
hace muchas muertes
en medio de una borrachera
cuando sólo ella me escuchó
y aunque muchos otros la nombraron
y muchos más lo harán
le puse un nombre para mí
para que me odie cada que lo recuerde.
Porque la odio, volveré a morir;
para que me odie, volveré a morir.
Moriré de madrugada
y será en Medellín.
porque entre madrugadas la amé
porque entre madrugadas me odió.
Moriré
porque allí nací
porque allí me maldijo.
Allí, ella, me obligó a amarla;
allí, la obligue a hacerme daño
sólo como yo quise.
Moriré, una vez más,
por penúltima vez
cuando deje de respirarle
y un ron sin beber
cantará por mí,
a ella
para embriagarla a mi nombre
una vez más.
Moriré así, aunque no ocurra jamás.
La Orillera se obligará a repetir que no me recuerda
Aunque nunca más me pueda olvidar.
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lunes, 24 de junio de 2013
sábado, 14 de julio de 2012
La Danseuse
Solo veo movimiento a mi alrededor,
No sé si son los tragos escasos
O si es la naturaleza móvil de su ímpetu.
El espeso humo escapando de sus palabras,
Los torpes cuerpos contorneándose a nuestras espaldas,
Unas cuantas sonrisas que aparecen, furtivas, pero sinceras
Mi cara de imbécil, que cuando se esfuma, vuelve y aparece.
Movimiento, al fin y al cabo,
Como el que pronuncian sus piernas fuertes;
Movimiento, recalcitrante,
Como en su carácter dulce, disfrazado de indolente.
Ya le he puesto un seudónimo
Aunque el francés se me vaya de las manos
¿De qué otra manera podría llamarla?
Sonríe. Algo debo estar haciendo bien.
La Danseuse baila conmigo,
Aunque sin necesidad de mover los pies.
Ella habla, yo escucho; yo hablo, ella escucha.
La atrocidad de nuestro tema podría desembocar,
Sin ningún problema y con cierta facilidad,
En un suicidio doble o en una sonrisa cómplice.
La crueldad es una cualidad subvalorada,
Encantadora, pero sobretodo mitigante.
No sé si es ella mi musa esta noche
O es el humo que, con cautela, de su boca escapa.
Su exuberante belleza, ahora lo noto,
No radica exclusivamente en la picardía de su mirar,
Tampoco en su actitud de café oscuro sin azúcar,
Es mérito, en gran parte, de ese deseo
Que provoca en mí, con tan solo exhalar,
De no querer amarrarme a ella, de no quererla mía.
Es su carácter móvil, su soberanía intacta,
Esa inexorable determinación,
El ser parcialmente indescifrable.
Es ella una de esas pocas mujeres
Que provoca ver bailando a la lejanía
Con un deseo incontrolable de no entenderla jamás
Y con la tranquilidad de saber
Que es eso lo que menos desea.
La Danseuse deja de ser una mujer,
Aunque con cualidades innegables de feminidad.
Se desprende, para sencillamente ser.
Me invade, vehemente, el deseo
De dejarla seguir con su vida,
No por desinterés, no por tedio,
Sencillamente, porque lo merece.
Pero cómo negarme a ver ese brillo
Que en sus ojos aparece
Cuando sonríe, tan fugazmente,
Aunque sea por un par más de veces.
No sé si son los tragos escasos
O si es la naturaleza móvil de su ímpetu.
El espeso humo escapando de sus palabras,
Los torpes cuerpos contorneándose a nuestras espaldas,
Unas cuantas sonrisas que aparecen, furtivas, pero sinceras
Mi cara de imbécil, que cuando se esfuma, vuelve y aparece.
Movimiento, al fin y al cabo,
Como el que pronuncian sus piernas fuertes;
Movimiento, recalcitrante,
Como en su carácter dulce, disfrazado de indolente.
Ya le he puesto un seudónimo
Aunque el francés se me vaya de las manos
¿De qué otra manera podría llamarla?
Sonríe. Algo debo estar haciendo bien.
La Danseuse baila conmigo,
Aunque sin necesidad de mover los pies.
Ella habla, yo escucho; yo hablo, ella escucha.
La atrocidad de nuestro tema podría desembocar,
Sin ningún problema y con cierta facilidad,
En un suicidio doble o en una sonrisa cómplice.
La crueldad es una cualidad subvalorada,
Encantadora, pero sobretodo mitigante.
No sé si es ella mi musa esta noche
O es el humo que, con cautela, de su boca escapa.
Su exuberante belleza, ahora lo noto,
No radica exclusivamente en la picardía de su mirar,
Tampoco en su actitud de café oscuro sin azúcar,
Es mérito, en gran parte, de ese deseo
Que provoca en mí, con tan solo exhalar,
De no querer amarrarme a ella, de no quererla mía.
Es su carácter móvil, su soberanía intacta,
Esa inexorable determinación,
El ser parcialmente indescifrable.
Es ella una de esas pocas mujeres
Que provoca ver bailando a la lejanía
Con un deseo incontrolable de no entenderla jamás
Y con la tranquilidad de saber
Que es eso lo que menos desea.
La Danseuse deja de ser una mujer,
Aunque con cualidades innegables de feminidad.
Se desprende, para sencillamente ser.
Me invade, vehemente, el deseo
De dejarla seguir con su vida,
No por desinterés, no por tedio,
Sencillamente, porque lo merece.
Pero cómo negarme a ver ese brillo
Que en sus ojos aparece
Cuando sonríe, tan fugazmente,
Aunque sea por un par más de veces.
domingo, 17 de junio de 2012
La diferencia no radica.
Ella bajó la persiana, como diría el Acuariano; yo, por mi parte, lo creo imposible ¿Qué sería de mi vida, sin ella, si no la tuviera? La necesito en mi vida sin sus ojos.
Llamémosle como realmente se llama: es egoísmo, promiscuidad, sinvergüenzada, canallada. Eso, querido amigo, es lo que somos, usted, su amigo, el amigo de este mi padre, el suyo y yo. Pero nadie nos podrá juzgar nunca, qué podríamos ser sino eso ¿De qué otra manera podríamos alimentar las ganas de vivir tranquilos, sino es así?
Ahora, mientras ella baja la persiana, nosotros caemos, y caemos con ganas, con vertiginosidad; tenga por seguro que del golpe no salimos sin por lo menos un fémur y un buen par de costillas rotas ¿Quién dice que no hay belleza en la destrucción y el caos? Si la destrucción total no es el acto más bello en este planeta, apague y vámonos ¿Acaso no es eso por lo que tanto luchamos mientras escasamente vivimos?
Ella bajó, baja o bajará la persiana, como ya he dicho, mientras tanto yo me ahogo en la sustancia amarga y marrón que sabe a ella y recalco en mi necesidad de vivir sin ella, teniéndola en mí.
Llamémosle como realmente se llama: es egoísmo, promiscuidad, sinvergüenzada, canallada. Eso, querido amigo, es lo que somos, usted, su amigo, el amigo de este mi padre, el suyo y yo. Pero nadie nos podrá juzgar nunca, qué podríamos ser sino eso ¿De qué otra manera podríamos alimentar las ganas de vivir tranquilos, sino es así?
Ahora, mientras ella baja la persiana, nosotros caemos, y caemos con ganas, con vertiginosidad; tenga por seguro que del golpe no salimos sin por lo menos un fémur y un buen par de costillas rotas ¿Quién dice que no hay belleza en la destrucción y el caos? Si la destrucción total no es el acto más bello en este planeta, apague y vámonos ¿Acaso no es eso por lo que tanto luchamos mientras escasamente vivimos?
Ella bajó, baja o bajará la persiana, como ya he dicho, mientras tanto yo me ahogo en la sustancia amarga y marrón que sabe a ella y recalco en mi necesidad de vivir sin ella, teniéndola en mí.
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Transversalidad.
La pulsión de soledad, este deseo de ser un ermitaño, me está pasando la cuenta de cobro. La noche ha llegado a darme la última estocada. Soy una bestia, como todos, buscando su propia caída sin si quiera saberlo, sin disfrutarla, pero sumergido de lleno en un festival de miembros destrozados. Alegoría a la muere y a la destrucción, qué somos sino es eso.
La melancolía es mi campo de acción, no estoy cómodo sin ella, no puedo darme nada sin su presencia en cada fonema que pronuncio; no puedo estar a gusto en la plenitud. Nada bueno nace en mí, si no es gris, frío y con dolor cervical.
Puedo notar, con el pasar de los días, que ni la pasión, ni el arte, ni la expresión han sido mi motivación principal. Mi ser no ha sido más que una excusa, un medio, para esta brutal, pesada, visceral y tormentosa necesidad de gritar, todos los días un poco, a la media noche, hasta que se me canse la voz, esperando, infructuosamente, a que se me agote la necesidad.
La melancolía es mi campo de acción, no estoy cómodo sin ella, no puedo darme nada sin su presencia en cada fonema que pronuncio; no puedo estar a gusto en la plenitud. Nada bueno nace en mí, si no es gris, frío y con dolor cervical.
Puedo notar, con el pasar de los días, que ni la pasión, ni el arte, ni la expresión han sido mi motivación principal. Mi ser no ha sido más que una excusa, un medio, para esta brutal, pesada, visceral y tormentosa necesidad de gritar, todos los días un poco, a la media noche, hasta que se me canse la voz, esperando, infructuosamente, a que se me agote la necesidad.
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sábado, 2 de abril de 2011
Resguardo ausente.
Noche vacía
de aliento oscuro.
Un murmullo resonante
Taladra mi cabeza
y lo disfruto.
Canta,
baila con todo
hasta caer.
En la poca luz me resguardo
huyo, caigo y me arrastro.
Desalentado resoplo de vida
decadente trastorno de éxtasis.
Idiotez plagada
de una absurda melancolía.
Ausencia mía
carencia mutua.
Golpe al rostro
desgarro al pecho
y el mundo se deshace de a pocos
con cada segundo,
cada minuto se va.
Busco no encontrar
te busco, inexistente.
desvelo, frió como un suspiro.
Intranquilidad apacible y carente de sentido
De nuevo el vacío absoluto, mi presencia.
de aliento oscuro.
Un murmullo resonante
Taladra mi cabeza
y lo disfruto.
Canta,
baila con todo
hasta caer.
En la poca luz me resguardo
huyo, caigo y me arrastro.
Desalentado resoplo de vida
decadente trastorno de éxtasis.
Idiotez plagada
de una absurda melancolía.
Ausencia mía
carencia mutua.
Golpe al rostro
desgarro al pecho
y el mundo se deshace de a pocos
con cada segundo,
cada minuto se va.
Busco no encontrar
te busco, inexistente.
desvelo, frió como un suspiro.
Intranquilidad apacible y carente de sentido
De nuevo el vacío absoluto, mi presencia.
viernes, 1 de abril de 2011
Quien.
10:20 p.m. y la angustia me consume; esta ahí y aun así parece no estarlo. Me levanto, pierdo la cabeza en una melodía lejana y en el espejismo de sus ojos. ¿como saber si es real?
-Paciencia- me digo.
es increíble que se pueda perder la cabeza tan fulminantemente. ¿Será solo mi delirio de necesidad? Pronto, vuelve a mi cabeza, su lugar de origen. La miro, sin estar aquí. ¿Me mira? Lo dudo.
Una señal, reclamo, pero solo a mi incapacidad. Tan inmaterial como antes, carente de una sustancia física, dotada de una energía extrasensorial. ¿Qué es? ¿Qué pasa? ¿Quien es? No mas preguntas. Necesito un descanso; y de nuevo... como una vida pasada, como un sueño inconcluso, como la vida después de acostarme pensando en nada cada noche, surge su rostro desconocido, su voz inaudible y sus ojos en el vació. Danzante, cadente, rítmica y armoniosa... todo efecto de mi imaginación.
Quien aparece, resulta agobiante pero seductora, preocupante, pero atrayente. Angustia. Recurrente ansia. Pasa aquí y deja de pasar. Fastidio... hacia mi. Mejor dejo, o mejor sigo. No se que sucede conmigo y no me interesa averiguarlo. Salgo a la noche y una una traslucida nube me mira como burlándose de mi deseo reprimido. ¿Quien es? ¿Quien sos? ¿Que es de tu vida? ¿Que haces aquí sin mirar?
Cierro los ojos y se siente caluroso el aire. cuando de pronto, son las 3:43 a.m. y se ha ido.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Cambio.
Constantemente
inconstante.
Lo que fue ayer
hoy deja de ser
Dejo de ser yo con cada minuto
un yo que fui, un ser que acostumbre;
para pasar sin mayor esfuerzo
a un nuevo yo, un yo que me asombra,
pero que con cada minuto es más como yo
que el que ahora se marcha.
En el pasado fui feliz con lo que tuve,
en el pasado fui muy feliz con quien era.
Pero deje de ser ese ser feliz
y pase a ser un nuevo ser,
que busca una nueva felicidad,
que escarba en lo profundo
de un nuevo mundo
para encontrar lo que ahora
lo hará feliz
teniendo siempre presente
que en un pasado,
fue un ser diferente.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Para mí.
En mi seudo-poesía
encuentro una salida.
Me gusta lo que escribo
mas no me enorgullezco de ello.
No te voy a mentir
a veces extraño
sentir que no soy solo yo,
pero esto es lo que tengo ahora.
Tiempo para mi egocentrismo.
Calma para mi egoísmo.
Fuente de agonía.
De la noche hago mi placer
aunque me atemoriza mas que nada.
Ese temor intrínseco en mi
desde siempre
Me ahoga y me amarra;
Tal vez por eso me encanta.
encuentro una salida.
Me gusta lo que escribo
mas no me enorgullezco de ello.
No te voy a mentir
a veces extraño
sentir que no soy solo yo,
pero esto es lo que tengo ahora.
Tiempo para mi egocentrismo.
Calma para mi egoísmo.
Fuente de agonía.
De la noche hago mi placer
aunque me atemoriza mas que nada.
Ese temor intrínseco en mi
desde siempre
Me ahoga y me amarra;
Tal vez por eso me encanta.
Hoy se me antoja.
Hoy se me antoja
Evitar los pensamientos,
Suprimir las emociones,
Sumergirme en lo profundo.
Hoy se me antoja
Más que nunca
Dejar de ser yo,
Y escapar por un dia.
Hoy se me antoja
Desgastar de mi
Lo poco que queda
Y dejar que se vaya
Por siempre,
Como si nada.
Evitar los pensamientos,
Suprimir las emociones,
Sumergirme en lo profundo.
Hoy se me antoja
Más que nunca
Dejar de ser yo,
Y escapar por un dia.
Hoy se me antoja
Desgastar de mi
Lo poco que queda
Y dejar que se vaya
Por siempre,
Como si nada.
Hoy se me antoja
Un "Polaroid de locura automática"
Y perderme en tu cuerpo
Hasta que nos pueda el placer.
En mitad de la noche
Levantarme
Y encender un cigarro
En medio de la nada.
sábado, 30 de octubre de 2010
Silencio.
La claridad
De estos Sonidos oscuros
Alimentan mi alma.
Crujido,
Goteo,
Susurro
Y tu calma;
Se escuchan fuertemente,
En la ausencia,
Que aturden.
Una mirada,
Aparece recurrente.
En la penumbra.
En la penumbra.
Ese par de ojos
Que miran y ocultan
Que, ausentes, atrapan
Que, presentes, intimidan
Me observan cómo si existieran.
En el silencio
Es el sonido de tus ojos
El que entretiene mis sentidos.
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Las noches que me he consumido y un rostro en mi cabeza.
Yo no busco,
Hoy por hoy.
Mi mente se deleita
Con lo que no espera.
Cada segundo el bombardeo es recurrente
Y la magia de encontrarme con lo inesperado
Motiva mi deseo de seguir descubriendo
Pero, a pesar de todo, de mi mente no escapa tu sonrisa
Tan nueva, tan diferente... tan propia de lo desconocido.
Hoy por hoy.
Mi mente se deleita
Con lo que no espera.
Cada segundo el bombardeo es recurrente
Y la magia de encontrarme con lo inesperado
Motiva mi deseo de seguir descubriendo
Pero, a pesar de todo, de mi mente no escapa tu sonrisa
Tan nueva, tan diferente... tan propia de lo desconocido.
jueves, 28 de octubre de 2010
Por ahora.
Por primera vez en mi vida evito mojarme.
Hoy te esquivo lluvia,
Dado que la garganta se me cae a pedazos.
Mi alma te busca, pero mi cuerpo te huye.
Resguardado cobardemente
Tengo mi cuerpo en ti y mi mente en ella.
¿Quien es? no lo se
¿Por que no puedo sacarla de mi mente?
Por la misma razón
Por la que paso las noches esperando la lluvia.
Solo logro pensar en ella;
Solo logro pensar en la lluvia...
En ella y en la lluvia.
Me asombra cuanto me intriga;
Me extraña que quiera acercarme más.
Aquí, bajo mi resguardo,
Espero el momento en que por fin
Pueda salir a su encuentro.
Por ahora,
Mi cuerpo las evita a las dos...
A ella y a la lluvia
Mi mente, afortunadamente no.
Hoy te esquivo lluvia,
Dado que la garganta se me cae a pedazos.
Mi alma te busca, pero mi cuerpo te huye.
Resguardado cobardemente
Tengo mi cuerpo en ti y mi mente en ella.
¿Quien es? no lo se
¿Por que no puedo sacarla de mi mente?
Por la misma razón
Por la que paso las noches esperando la lluvia.
Solo logro pensar en ella;
Solo logro pensar en la lluvia...
En ella y en la lluvia.
Me asombra cuanto me intriga;
Me extraña que quiera acercarme más.
Aquí, bajo mi resguardo,
Espero el momento en que por fin
Pueda salir a su encuentro.
Por ahora,
Mi cuerpo las evita a las dos...
A ella y a la lluvia
Mi mente, afortunadamente no.
martes, 26 de octubre de 2010
Delirio
Por fin sales, luna
y yo como siempre
aquí esperándote
tratando de buscarte en la gente
¿por que nunca puedo encontrarte?
Te escapas de mi cama
te escondes entre sábanas
y yo me acuesto con algunas
esperando tocarte
pero no logro amarrarte
escurridiza, esquiva luna.
mi cabeza rebota contra el suelo
y como es costumbre, de nuevo te pierdo.
y yo como siempre
aquí esperándote
tratando de buscarte en la gente
¿por que nunca puedo encontrarte?
Te escapas de mi cama
te escondes entre sábanas
y yo me acuesto con algunas
esperando tocarte
pero no logro amarrarte
escurridiza, esquiva luna.
mi cabeza rebota contra el suelo
y como es costumbre, de nuevo te pierdo.
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