Lejos del aletargamiento de la semana mayor, la inactividad económica y el aparente voto de silencio producto del recogimiento espiritual, acompañado de un no tan leve tufillo anisado, pareciera que llegan días insurrectos, declarándose autónomos y soberanos de la hegemonía de la resurrección.
Pero ¿cómo desligarse de la semana en la que se recuerda la muerte y posterior resurrección del personaje más importante de la mitología occidental? Sencillo, acortando los tiempos de la pasión y condensando el vértigo emocional y sensible a escasas 24 horas. Sin entradas con palmas a pueblo alguno, sin lavatorios de pies, sin ahorcamientos, sin treinta monedas, sin desmedidas procesiones de ídolos inmóviles; matando a un narrador, luego de haber acabado con un bolero.
Algunos días la adormilada cotidianidad nos sugiere con descaro la perpetua duración de la ilusión en la que vivimos. Otros, más sensatos, pero escasos, nos plantean una realidad distinta. La mañana llega con la partida y la lluvia amenaza sin dar la cara, el calor de la infancia nos deja claro que cada vez se encuentra más lejos y las voces dulces que la acompañaron van desapareciendo del espectro cercano. En la tarde, los ojos verdes de la interlocutora sirven de espejo para mirar hacia adentro, viendo un rostro distinto al propio, en un jugueteo de complicidad delicado y delicioso que anuncia la muerte del día y acompaña la del cronista que retrató el rincón del mundo que estos dos personajes han habitado.
La incertidumbre es la norma, cualquiera puede morir antes de que alguien nazca; cualquiera puede nacer antes de que alguien muera. Y los ojos verdes de aquel jueves acompañan cómplices, sonríen, cuestionan, se irritan, vuelven a sonreír y desaparecen.
Ya cuando el día no es más que noche, y la embriaguez es el sustento del extraño ecosistema, la fraternidad y celebración, propia de cualquier narración fantástica o algún un son montuno, dejan en claro lo que es la vida en un rincón del mundo entre dos océanos, al sur del progreso y al occidente de la cultura. La vida, la celebración de ésta, su fin o su reflexión cómplice y coqueta, se marchan con el narrador, el bolero, la noche, el alcohol, la celebración y los ojos verdes, para dar paso a un día sin tanto afán.
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viernes, 18 de abril de 2014
Cada día trae su afán
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lunes, 24 de junio de 2013
La Orillera
Moriré de madrugada
y será en Medellín.
Volveré, sumiso,
a la hora del amanecer.
Volveré, porque he de morir.
Volveré, aunque no me haya ido.
Ella, esperará por mí
como espera siempre el amor.
Ella, esperará mi regreso
entre el dolor
y el llanto
como espera siempre el amor.
Y es que fue allí,
con ella, en ella,
en dónde conocí su aroma.
Ese perfume de ron
balas y sudor
que me enamoró
durante las noches, embriagados de nostalgia,
amados durante el limbo de las horas
en las que nace el día
cuando no llega a ser de madrugada
pero ya no es media noche.
Cómo no querer volver
si fue en ella,
una madrugada ya hace mucho tiempo,
en la que se me destinó morir.
En ella,
que no revela su verdadero nombre,
perdí todo cabal
que pude algún día tener.
Me adentré hacia el margen,
llegué a la orilla
y me enterré.
Fue ella
quien entre guiños e insinuaciones
me pidió no escuchar
lo que por obligación
debía decir.
Ella que me enamoró con putería
con barbarie, con violencia.
Ella me enseñó el agresivo calor del amor.
Moriré
volveré
naceré
Ella siempre estuvo antes que yo.
Se irá mucho después de mí.
La bauticé La Orillera
hace muchas muertes
en medio de una borrachera
cuando sólo ella me escuchó
y aunque muchos otros la nombraron
y muchos más lo harán
le puse un nombre para mí
para que me odie cada que lo recuerde.
Porque la odio, volveré a morir;
para que me odie, volveré a morir.
Moriré de madrugada
y será en Medellín.
porque entre madrugadas la amé
porque entre madrugadas me odió.
Moriré
porque allí nací
porque allí me maldijo.
Allí, ella, me obligó a amarla;
allí, la obligue a hacerme daño
sólo como yo quise.
Moriré, una vez más,
por penúltima vez
cuando deje de respirarle
y un ron sin beber
cantará por mí,
a ella
para embriagarla a mi nombre
una vez más.
Moriré así, aunque no ocurra jamás.
La Orillera se obligará a repetir que no me recuerda
Aunque nunca más me pueda olvidar.
y será en Medellín.
Volveré, sumiso,
a la hora del amanecer.
Volveré, porque he de morir.
Volveré, aunque no me haya ido.
Ella, esperará por mí
como espera siempre el amor.
Ella, esperará mi regreso
entre el dolor
y el llanto
como espera siempre el amor.
Y es que fue allí,
con ella, en ella,
en dónde conocí su aroma.
Ese perfume de ron
balas y sudor
que me enamoró
durante las noches, embriagados de nostalgia,
amados durante el limbo de las horas
en las que nace el día
cuando no llega a ser de madrugada
pero ya no es media noche.
Cómo no querer volver
si fue en ella,
una madrugada ya hace mucho tiempo,
en la que se me destinó morir.
En ella,
que no revela su verdadero nombre,
perdí todo cabal
que pude algún día tener.
Me adentré hacia el margen,
llegué a la orilla
y me enterré.
Fue ella
quien entre guiños e insinuaciones
me pidió no escuchar
lo que por obligación
debía decir.
Ella que me enamoró con putería
con barbarie, con violencia.
Ella me enseñó el agresivo calor del amor.
Moriré
volveré
naceré
Ella siempre estuvo antes que yo.
Se irá mucho después de mí.
La bauticé La Orillera
hace muchas muertes
en medio de una borrachera
cuando sólo ella me escuchó
y aunque muchos otros la nombraron
y muchos más lo harán
le puse un nombre para mí
para que me odie cada que lo recuerde.
Porque la odio, volveré a morir;
para que me odie, volveré a morir.
Moriré de madrugada
y será en Medellín.
porque entre madrugadas la amé
porque entre madrugadas me odió.
Moriré
porque allí nací
porque allí me maldijo.
Allí, ella, me obligó a amarla;
allí, la obligue a hacerme daño
sólo como yo quise.
Moriré, una vez más,
por penúltima vez
cuando deje de respirarle
y un ron sin beber
cantará por mí,
a ella
para embriagarla a mi nombre
una vez más.
Moriré así, aunque no ocurra jamás.
La Orillera se obligará a repetir que no me recuerda
Aunque nunca más me pueda olvidar.
jueves, 17 de marzo de 2011
Aventurera de girasol en mano, feliz cumpleaños.
Al cielo una mirada larga y no me concentro, tengo mil cosas por hacer, hay muchas cosas que debería haber hecho y no las hice. Pero en éste momento, esta ocasión, no la puedo dejar pasar.
Ya casi serán 13 años y yo no te he vuelto a ver. Ya no soy el mismo que viste, estoy lejos de serlo y sé que no te gustaría lo que soy. ¿Serian cuantos? ¿50? ¿49?... realmente no se y me avergüenza preguntar. De todas maneras hay algo clave que quiero decir y pocas veces lo he hecho: Te extraño.
Pasaban los días y yo sentía que algo muy importante en mi vida no estaba ahí. Ahora han pasado muchos mas y seguirán pasando, y sigue sin estarlo, y nunca lo estará. Aunque no logro dibujar tu voz, tu sonrisa, tus ojos, puedo imaginar cuan alegre seria lograrlo. Me da miedo buscarte, porque se que puedo, porque se que ahí estás, mas cerca de lo que podría imaginar (o por lo menos una parte de ti), pero soy muy cobarde y no me gusta derrumbarme. Nunca te visito, pero para qué, si eso no eres tu, ni una mínima parte, sos realmente muchas otras cosas que no encontrare visitándote.
Durante mucho tiempo me negué a aceptar que fue un para siempre y hoy lo lamento. Desde mi corazón, hablo, diciendo que desearía poder haberme acostumbrado a la idea rápido, para asi poder disfrutar tu imagen en mi, o haberla podido preservar; pero que podía hacer, tenia solo 6 años. Hoy soy mucho de lo que odiabas, aunque también mucho de lo que amabas, de todas maneras soy, en gran parte, tú.
Un girasol. Mucho de lo que guardo en mi cabeza no son mas que ilusiones, fantasías, espejismos de lo que eras o sos, pero es lo que tengo y a eso me aferro. Te amo y no tengo el recuerdo de habértelo dicho, pero te amo.
Me prometí no llorar, pero se me hace inevitable. Por lo menos tu recuerdo me llena de energía y el insaciable deseo de hacerte sentir orgullosa, me hace mover.
Tu canción y la de él, por ende, también la mía.
La aventurera, la belleza, sonrisa hecha persona; a quien busco por siempre, perdida entre sueños. Mi madre, la mujer de nombre onírico, la chiquilla detrás del conejo. Un girasol. Feliz cumpleaños, donde sea que estés.
Te busco.
http://www.youtube.com/watch?v=rLsaxDJuAbk
Ya casi serán 13 años y yo no te he vuelto a ver. Ya no soy el mismo que viste, estoy lejos de serlo y sé que no te gustaría lo que soy. ¿Serian cuantos? ¿50? ¿49?... realmente no se y me avergüenza preguntar. De todas maneras hay algo clave que quiero decir y pocas veces lo he hecho: Te extraño.
Pasaban los días y yo sentía que algo muy importante en mi vida no estaba ahí. Ahora han pasado muchos mas y seguirán pasando, y sigue sin estarlo, y nunca lo estará. Aunque no logro dibujar tu voz, tu sonrisa, tus ojos, puedo imaginar cuan alegre seria lograrlo. Me da miedo buscarte, porque se que puedo, porque se que ahí estás, mas cerca de lo que podría imaginar (o por lo menos una parte de ti), pero soy muy cobarde y no me gusta derrumbarme. Nunca te visito, pero para qué, si eso no eres tu, ni una mínima parte, sos realmente muchas otras cosas que no encontrare visitándote.
Durante mucho tiempo me negué a aceptar que fue un para siempre y hoy lo lamento. Desde mi corazón, hablo, diciendo que desearía poder haberme acostumbrado a la idea rápido, para asi poder disfrutar tu imagen en mi, o haberla podido preservar; pero que podía hacer, tenia solo 6 años. Hoy soy mucho de lo que odiabas, aunque también mucho de lo que amabas, de todas maneras soy, en gran parte, tú.
Un girasol. Mucho de lo que guardo en mi cabeza no son mas que ilusiones, fantasías, espejismos de lo que eras o sos, pero es lo que tengo y a eso me aferro. Te amo y no tengo el recuerdo de habértelo dicho, pero te amo.
Me prometí no llorar, pero se me hace inevitable. Por lo menos tu recuerdo me llena de energía y el insaciable deseo de hacerte sentir orgullosa, me hace mover.
Tu canción y la de él, por ende, también la mía.
La aventurera, la belleza, sonrisa hecha persona; a quien busco por siempre, perdida entre sueños. Mi madre, la mujer de nombre onírico, la chiquilla detrás del conejo. Un girasol. Feliz cumpleaños, donde sea que estés.
Te busco.
http://www.youtube.com/watch?v=rLsaxDJuAbk
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